“A mis amigos les adeudo la paciencia
de tolerarme las espinas más agudas,
los arrebatos de humor, la negligencia,
las vanidades, los temores y las dudas”. Alberto Cortez.
Sucede que me sería difícil sobrellevar la vida sin mis amigos.
Amigos hay variedad: de la infancia, adolescencia, juventud… Están los que se fueron, los que no podemos dejar de ver y hablar día a día y aquellos no tan constantes, pero que siempre tienen la línea abierta por si acaso los necesitamos.
Recordamos a los amigos de la infancia, con los que no hacíamos nada más que jugar landa, escondite, rayuela, y que pronto sin saber cómo, todos crecimos y tomamos nuestro propio camino. De esos, apenas queda alguno desperdigado por el vecindario.
Amigos de la escuela, con los que éramos “uña y mugre”, amistad genuina, de la buena, de la que no se corroe y que llevaremos siempre en el corazón, aunque por alguna circunstancia ya no estamos cercanos físicamente.
Entre estas amistades recuerdo Aleida Martínez, mi gran amiga de muchos años, una de las personas más buenas y nobles que he conocido en la vida, con quien compartimos las aulas de la Escuela Japón y del Instituto de Aplicación (IDA), así como jornadas interminables de estudio. Luego ella Ingeniera yo Periodista, de nuevo cada quien tomó su camino, pero los recuerdos de esa época perdurarán para siempre.
Como los amigos son variados, tal como una paleta de colores.
Hubo amistades sin cuya presencia la vida no hubiese sido lo que hasta ahora fue, porque significaron la sonrisa diaria, el motivo para vivir, en fin, la oportunidad de compartir esas aventuras que sólo la juventud nos deja hacer.
Ah!! y de esta manera a Sonia Alvarado (Sonia Haines desde que se casó), sería imposible echarla al olvido. Sonia era y sigue siendo tan especial. Compartimos las vagancias (que tanto le gustaban), las alegrías, las tristezas, fuimos a la misma Iglesia juntas, charlábamos cada noche que se aparecía por la cuadra despertando al vecindario con el taconeo de sus zapatos, en una hermosa época en la que todavía se podía caminar con cierta libertad en Tegucigalpa, sin mucho temor a ser asaltado.
Sonia me invitó por primera a Tela a conocer el mar una Semana Santa. También me llevó a visitar a su familia materna a El Salvador ingresando “mojadas” por el Río Guascorán montadas en una bestia, en un viaje también de Semana Santa, en el que tuvimos que subir a la abuelita por una ventana del bus, debido a la enorme aglomeración de pasajeros. Una vez allá fuimos en “baronesa” al mar, cruzando la zona por donde estaba la guerrilla salvadoreña.
Ella un día decidió que yo necesitaba adornar un poco mi vida y abrió mis orejas y me regaló mi primer par de aretes.
Es decir quién olvida una amistad así.
La Universidad… fue una época difícil y algunos amigos ayudaron a culminar aquel anhelado sueño. Sonia me daba ánimos, don Felipe generosamente abrió las puertas de su biblioteca para que consultara y tomara prestados sus libros.
Por esos años conocí a Martha y la amistad sigue perdurando, incluso compartimos algunos infortunios de la calle en nuestra época de reporteras. Y como la amistad genuina “y el más noble de los sentimientos”, de esa misma época le doy gracias a Dios por haberme permitido conocer Lucía (Alicia), una persona auténtica de verdad.
En las aulas de la Escuela de Periodismo conocí además a Rosa Delia, una amiga que el paso del tiempo no hace cambiar y quien con sus ocurrencias, añade gozo a mi vida, no importando si el cielo se ha vestido de gris.
Los amigos de la calle, digo, con los que reporteamos por años, a ellos les estoy eternamente agradecida, por haber compartido aquellos duros momentos y aquellos instantes tan especiales. Y esos son muchos, y también a esos los tengo escritos en una lista que junto al corazón.
De ellos conservo la amistad de Sammy, mi caballeroso amigo, con quien además puedo ser como soy sin problema alguno. Con Sammy descubrí lo bueno que es degustar un café y charlar o caminar durante horas.
Y de ahí, es gratificante es contar con amigos tan auténticos como Will, Eduardo, el Doc., Pedro, de quienes aprendo cosas nuevas en cada conversación. Y algunos recientes que añadí a mi lista como a Nidia, Alexander y otros más.
Además, ahora con las nuevas tecnologías, añado a mi lista, a aquellos amigos que he encontrado y reencontrado en la web: Héctor Danilo, Norma, Erika y otros más.
Y finalmente quiero rendir tributo a mi gran amigo y compañero de cuatro patas, (con el perdón de los amigos de dos p… que no gustan de los felinos), pero es que él también fue de lo más especial; el “Botas”. Permaneció conmigo durante cinco años y estoy segura que fue un gatito muy feliz a mi lado. Botas, si en algún lugar del universo te volviera a encontrar, espero que te tires al suelo de la emoción, como solías hacerlo, y con las patitas hacia arriba me des una demostración de auténtica amistad.
Y finalmente,
“A mis amigos legaré cuando me muera,
mi devoción en un acorde de guitarra
y entre los versos olvidados de un poema
mi pobre alma incorregible de cigarra”.
Leonarda Andino es Máster en Comunicación y Tecnologías Educativas. Periodista independiente. Actualmente es la Coordinadora de Gestión Académica de la Vicerrectoría Académica de la UNAH. leonardaandi@yahoo.com.

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